Crónica de Tanzania y Zanzíbar

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He pasado muchos años queriendo respirar el aire que mencionaba Karen Blixen en su famoso libro, seguir los pasos de Javier Reverte, Livingstone, Stanley, Speke, y ver una maravillosa puesta de sol, en la que se fundan todos sus colores salvajes, posiblemente una de las más bellas del mundo.

Mi aventura comenzará el 8 de Septiembre de 2003, día en el que un vuelo de KLM me llevará a donde en otras ocasiones he volado con la imaginación y he batido las alas de mis sueños deseando estar allí.

Esta vez me he prometido que escribiré un diario de viaje con todo detalle, y en el que plasmaré todas las sensaciones, historias y olores que entren por mis sentidos para que, a la vuelta, con lágrimas en el corazón por abandonar aquella hermosa tierra, al releer estas páginas, pueda vivir de nuevo todo lo que allí haya sentido. También espero que sirva de ayuda a todo el que quiera viajar allí, por lo que pondré detalles que, tal vez a algunos no interesen, pero a otros les resultará de utilidad, como lo que comíamos y los precios de alojamientos, comidas y safaris.

… Y, al regresar, de nuevo sentiré el “mal de África”, deseando siempre volver allí, una vez más, hasta que alguna vez, mi corazón y mi alma se instalen allí definitivamente para nunca volver a enfermar, y no tener que recordar infinitamente a través de estas páginas que ahora escribo.

Aún faltan seis días para partir, pero mi mente, mi cuerpo y mi pensamiento ya están volando hacia allí, soñando día tras día y noche tras noche con que el tiempo vuele y me acerque más y más a tan anhelado momento.

Ahora, aquí, sólo es un sueño, que se empieza a materializar poco a poco, hasta que al fin llegue el momento de volar …

RESUMEN RECORRIDO DEL VIAJE

Vuelo: Madrid-Amsterdam-Kilimanjaro

  • 08.09.03 Kiliomanjaro. Llegada y traslado cercanías de Moshi. Alojamiento: Lodge Ashanti
  • 09.09.03 Caminata cercanías Marangu. Salida hacia Arusha. Alojamiento: camping

  • 10.09.03 Arusha-PN Lago Manyara. Visita parque. Alojamiento camping “Jambo” en Mto wa Mbu.

  • 11.09.03 Cráter del Ngorongoro. Alojamiento en camping “Simba”.

  • 12.09.03 Visita Garganta de Olduvai. PN Serengeti. Visita Centro de Visitantes de Seronera y camp-site en Lobo (norte del Serengeti)

  • 13.09.03 Lobo (norte del Serengeti)

  • 14.09.03 Lago Natrón y camino hacia Arusha. Alojamiento hotel “Mt. Meru Inn”

  • 15.09.03 Arusha-Dar es Salaam en autobús. Alojamiento hotel “Jambo Inn”

  • 16.09.03 Dar es Salaam. Alojamiento hotel “Jambo Inn”

  • 17.09.03 Dar es Salaam-Reserva de Caza de Selous. Alojamiento camp-site.

  • 18.09.03 Reserva de Caza de Selous. Safari en barca por el río Rufiji. Alojamiento camp-site.

  • 19.09.03 Caminata en Selous. Partimos hacia Udzungwa Mountains. Alojamiento en guest-house en Mikumi.

  • 20.09.03 Caminata Udzungwa Mountains. Alojamiento en Mangula en lodge.

  • 21.09.03 Viaje Udzungwa-Dar es Salaam. Alojamiento hotel “Jambo Inn”.

  • 22.09.03 Viaje en ferry hacia Zanzíbar. Alojamiento en Stone Town en hotel “Narrow Street”.

  • 23.09.03 Ruta de las Especias. Alojamiento en Stone Town en hotel “Narrow Street”.

  • 24.09.03 Taxi hacia Jambiani (costa este de Zanzíbar). Día de playa. Alojamiento cabañas “Oasis”.

  • 25.09.03 Jambiani. Viaje en velero (dhow) y snorkel en corales. Alojamiento en cabañas “Oasis”

  • 26.09.03 Jambiani. Excursión en bici. Alojamiento en cabañas “Oasis”.

  • 27.09.03 Taxi a Stone Town. Visita a la ciudad.

  • 28.09.03 Viaje en ferry a Dar es Salaam. Noche: vuelo Dar es Salaam-Amsterdam-Madrid.

8.09.03. Llegada al Aeropuerto del Kilimanjaro y comienzo de la aventura

Por fin llegó el gran día. Después de cenar los cuatro viajeros en mi casa nos fuimos a dormir un rato, aunque no demasiado porque el vuelo salía las 6.30 am.

Ahora estamos en el avión de KLM volando hacia Amsterdam, la única escala del viaje. El sol ha empezado a salir y los colores del amanecer son preciosos, pasando del amarillo al rojo, y posteriormente a un blanco cegador que se ve por encima de las nubes de algodón.

Aunque hemos salido con un poco de retraso, no hemos perdido la conexión con nuestro vuelo desde Amsterdam al Aeropuerto de Kilimanjaro … y ya por fin estamos en Tanzania.

El aeropuerto es pequeño y hemos pagado el visado de entrada al país antes de salir de él. A la salida esperan muchos taxistas en busca de clientes y, entre el caos de gente, los regateos, hablar con unos y con otros, al final decidimos irnos con Benson, que nos pareció el más serio.

Aunque le dijimos que queríamos alojarnos en Moshi, nos llevó a un lodge en Marangu (“Ashanti”), a 20 km de allí. Tengo que decir que, en un primer momento me fastidió que no nos llevara donde queríamos ir (más que nada por el precio que tienen ese tipo de alojamientos), pero luego resultó que estaba muy bien, rodeado de exuberante vegetación tropical y nos dieron unas habitaciones más económicas y sencillas.

Ese fue el primer imprevisto del viaje, aunque estando en Tanzania eso es normal y parte de la aventura. No hay más que ver que a su compañía aérea le llaman “Air Maybe (puede ser)”, porque no cumple horarios, a veces cambia el rumbo, para recoger pasajeros en otros lugares, y luego aterriza en otro sitio, que para nada estaba previsto, para sorpresa de los viajeros. Eso sí, sus aviones no se caen, aunque despeguen renqueando. Por este motivo y algunos más, Tanzania es el país menos recomendable para el turista convencional.

Aunque cansados del viaje (12 horas de vuelo), tomamos nuestra primera cerveza tanzana, "Kilimanjaro", (más suave que la otra marca "Safari")

Aunque cansados del viaje (12 horas de vuelo), tomamos nuestra primera cerveza tanzana, “Kilimanjaro”, (más suave que la otra marca “Safari”), charlando con Benson, que ya nos empezó a proponer safaris por los Parques del Norte. Nuestra idea inicial era dormir en Moshi para, al día siguiente viajar a Arusha y desde allí contratar los safaris, pero ganábamos un día contratándolo a buen precio con Benson, ya que de lo contrario habríamos estado todo el día de agencia en agencia comparando.

Después de regatear mucho días y precios, llegamos a un acuerdo. Contratamos seis días de safari por 400 $ cada uno, que incluían alojamiento en tienda de campaña, comidas y entradas a los Parques. Pasaríamos el primer día en Marangu, caminando y viendo el Kilimanjaro si quería salir de entre las nubes para, por la tarde partir hacia Arusha que sería el punto de partida del safari. Estaríamos un día en el Parque Nacional del Lago Manyara, un día en el Área de Conservación del Cráter del Ngorongoro y tres días en el Parque Nacional Serengeti (que nos parecieron en ese momento demasiados, pero lo hubiéramos prolongado alguno más de haber sabido lo espectacular que es).

9.09.03. De Marangu a Arusha

Benson nos ha despertado a las 6.00 am, pero nos dice que no podremos ver el Kilimanjaro porque hay mucha niebla y está completamente cubierto, así que nuestro gozo en un pozo.

Desayunamos en el lodge (tostadas, café, etc.) y nos vamos a caminar por las plantaciones de café, en las faldas del Kili.

La excursión resulta muy interesante. Andamos por senderos sorprendentemente limpios y barridos, que conducen a casas preciosas, pintadas de colores.

Todo está lleno de bananos, papayas, plantas de café, huele a tierra, a eucalipto. Por algunos senderos aparecen niños preciosos y sonrientes, con el uniforme del colegio y también gente que trabaja en las plantaciones. Hemos visto también un taller en el que fabrican lanzas como antaño sus antepasados, parecidas a las de los masai.

Caminando, por fin hemos visto el Kilimanjaro, el techo de África. Es imponente, con sus nieves perpetuas coronando la cima. Estaba rodeado por una nube blanca como el algodón y esperamos verlo entero en la puesta de sol desde Moshi, ya sin nubes, porque es la mejor hora, aunque también hay que tener suerte.

Después hemos llegado a las Kinukamori Waterfalls. Son unas cascadas en las que, justo en el borde del salto de agua, está colocada la figura en piedra de una mujer embarazada y a cierta distancia la de un leopardo.

Cuenta la leyenda que la mujer, desesperada por estar embarazada fuera del matrimonio, pensó en suicidarse y, cuando estaba al borde de la cascada, sintió una presencia cercana y, al volverse, se asustó y cayó por la cascada.

Hambrientos, volvimos al lodge y comimos pollo, verduras y de arroz, y de postre un crepe con mermelada de fresa.

Por la tarde, salimos en coche hacia Arusha, pasando por Moshi. Las ciudades africanas son ruidosas, con mercados en la calle y gente vendiendo todo tipo de artículos, tienen mucho colorido y mucha vida. Si tuviera que elegir entre Moshi y Arusha, elegiría sin dudarlo Moshi. Es el punto de partida para los trekkings al Kilimanjaro y es menos ruidosa y más limpia que Arusha, a la vez que tiene unas vistas preciosas, aunque Arusha también tiene una vista preciosa del Monte Meru, siempre entre nubes, como el Kili.

Al llegar a Arusha, Benson y Ringo nos han llevado al lugar donde acamparemos. Es un restaurante que tiene detrás una pradera con bastante vegetación. Acampamos allí en unas tiendas de lona, color militar y bastante cómodas.

Hasta ahora no hemos pasado calor, e incluso ahora de noche hace un poco de frío. Supongo que estamos a cierta altura, así que mientras estemos en el Norte tendremos menos calor… y claro, también menos mosquitos.

Seguro que una de las cosas que más recordaremos serán los olores. Hay un olor parecido a madera e incienso quemados, y a esta hora huele también a comida porque la gente cocina en la calle. Nosotros hemos cenado pollo con patatas fritas y ensalada de tomate y pepino. Después, jugamos unas partidas de cartas, echando bastantes risas y vamos a dormir a las tiendas.

10.09.03. Arusha-Mto wa Mbu-Lago Manyara

Como es costumbre, nos hemos levantado temprano, aunque no antes que la gente de aquí. Hemos pagado el resto del safari y desayunado genial, incluso con tortilla y crema de cacahuete. Ahora saldremos hacia el Lago Manyara, cuando lleguen con las provisiones para los próximos cinco días.

Parece que llevo aquí toda la vida. La gente es amable y les encanta que les saludes en swahili (prefieren llamarlo kiswahili). Son sonrientes y al verlos se podría decir que no hay pobreza, aunque la esperanza de vida es muy baja (hemos visto muy pocos ancianos), hay muchos enfermos de sida (las cifras en todo África son alarmantes y siguen aumentando día tras día, sin que haya conciencia, aunque sí conocimiento, por parte de los países ¿civilizados?), malaria, etc., gente que pasa hambre y que necesita lo más básico. Lo que ocurre es que yendo de viaje, no tienes tiempo para conocer de cerca los problemas del país, y no llegas a contactar con todo tipo de gente para saber más sobre ellos, a veces también porque te mueves en zonas en las que no puedes percibir la realidad que están viviendo.

Es curioso ver los cambios de paisaje en sólo diez minutos. De la frondosidad de la zona de Marangu a la seca y amarilla sabana de los alrededores de Arusha.

El viaje hasta Mto wa Mbu, punto de partida para visitar el P.N. Manyara y donde nos alojaremos esta noche, ha sido muy bonito e introductorio a lo que será resto del viaje. Es curioso ver los cambios de paisaje en sólo diez minutos. De la frondosidad de la zona de Marangu a la seca y amarilla sabana de los alrededores de Arusha, aunque no con menos encanto. Hemos pasado por pequeños pueblos y poblados de masais y visto el contraste del color tostado de las montañas y las llanuras con las vestimentas rojas a cuadros de los masais. Hemos visto baobabs y muchas acacias, también pájaros preciosos con la tripa roja y las alas de un azul metálico espectacular (sterlings), un águila (tawny eagle) zampándose a otro pájaro, y también unos cuantos marabúes.

Llevamos un 4x4 grande. El conductor-guía se llama Mallya y el cocinero Chris. Mallya sabe mucho sobre aves, animales y plantas, y lleva en el coche guías de todas las especies. Nos ha explicado algunas cosas sobre los masais, en concreto sobre la poligamia y la vestimenta negra que utilizan los niños y su cara pintada de blanco durante el período de la circuncisión (una práctica habitual).

Finalmente hemos llegado al camping “Jambo” donde nos alojaremos esta noche después del ir al Lago Manyara. Tiene un aspecto estupendo. Hay varias praderas para acampar, servicios y una zona de restaurante de construcción tradicional.

Acabamos de volver del Parque Nacional del Lago Manyara. En una palabra: wonderful. Después de atravesar Mto wa Mbu, hemos llegado al Parque y nada más entrar hemos visto muchos babuínos que huían al vernos.

La primera etapa del Parque es bosque de montaña, con acacias, baobabs, tamarindos, maeroua (flor refresh) y vegetación bastante densa, que no hace presagiar el paisaje que nos encontramos después.

En la segunda etapa, la vegetación va haciéndose más baja y seca, hasta que al llegar al Lago Manyara es casi inexistente, excepto hierba y algún tronco seco. Hay multitud de acacias secas que dan al paisaje un aspecto sobrecogedor, pero muy bello. Según Mallya fue culpa del fenómeno de El Niño hace algunos años, aunque lo dudo. Más bien puede ser de una época prolongada de sequía.

Hemos visto elefantes, cebras, hipopótamos, muchas aves, una jirafa, babuínos, monos azules, patos, garzas, espátulas, garcetas, pelícanos, pero desgraciadamente no hemos visto de cerca flamencos, sólo en la lejanía y, había tantos que parecía que formaban una pared al fondo del lago color rosa y blanco. Ahora, en la época seca, el nivel de agua baja tanto que no se pueden hacer excursiones en barca para verlos de cerca.

Al volver al camping hemos cenado patatas fritas, pescado, y judías verdes con zanahoria. Después estuvimos viendo (a ratos porque se iba la luz) un típico espectáculo de baile africano para mzungus (hombre blanco en swahili), en el que tuvimos que dar una propina obligatoria de siete dólares. Daban ganas de ponerse a bailar con ellos, cosa que hicimos en cuanto nos incitaron un poco.

11.09.03. Lago Manyara-Cráter del Ngorongoro

Abandonamos temprano el camping para comenzar la excursión hacia el Área de Conservación del Cráter del Ngorongoro.

Durante la subida al cráter, la vegetación es de bosque de montaña, hasta que hemos llegado al borde y, para nuestro asombro y a pesar del tamaño del volcán (20 km de diámetro), se puede ver perfectamente de lado a lado. El borde del cráter está a 2.600 m sobre el nivel del mar y la base (que visitamos después) a 1.800 m.

A diferencia del color verde durante toda la subida, la base del cráter es una planicie enorme con colores amarillos, tostados y blancos (por la sal) y en su interior incluso hay un par de pequeños lagos.

Después de descargar el coche en el camping “Simba” (león en swahili), hemos bajado al interior del cráter y visto ñúes, leones, cebras, flamencos, gacelas, hipopótamos, rinocerontes negros, elefantes, hienas, etc.

El paisaje es espectacular, como de otro mundo y parece mentira al verlo desde arriba, que exista tanta vida en su interior. Es una llanura inmensa prácticamente sin árboles, excepto la zona que hay junto a la pared del volcán. Hay arbustos y hierba, ahora seca y amarilla.

Existen pequeños lagos de agua salada en su interior, repletos de flamencos, y también, en uno de ellos con una vegetación sorprendentemente verde, hipopótamos.

Al mirar hacia los lagos, se pueden ver todas las tonalidades de azul: el cielo, la pared del cráter que se oscurece al atardecer y parece reflejar el agua, el azul plateado de la superficie del lago y sus orillas transparentes. También se puede observar lo que al principio creímos que era un espejismo: pequeños tornados que remueven la arena blanca del borde del lago. Parecen nubes que suben y bajan, que flotan en el aire, y hacen que este lugar tenga algo de mágico.

Ahora el terreno es muy árido por la falta de lluvias en ésta época, pero cuando llueve es un auténtico paraíso. Antes, los masais poblaban el interior del Cráter, hasta que protegieron la zona y ahora sólo les dejan llevar a pastar sus rebaños.

Desde nuestro camping se ve parte del cráter, estamos arriba del todo (a 2600 m), y ya soñamos con el amanecer que veremos al día siguiente.

Los aseos y las duchas son bastante básicos, y no hay luz ni agua caliente, pero el paisaje y el aire que se respira compensan todas las incomodidades. Por la noche hace mucho frío y hay mucha humedad.

Cenamos arroz con ternera en salsa, bebimos ginebra tanzana, que nos vino bien porque hacía entrar en calor y estuvimos riendo con Mallya y sus historias de amor y desamor hasta tarde, y a pesar del frío y la humedad nos dormimos enseguida.

12.09.03. Ngorongoro-Garganta de Olduvai-P.N.Serengeti

Nos hemos levantado al amanecer y salí corriendo de la tienda para ver el paisaje, pero había una niebla espesa que no dejaba ver nada, tanta que con la humedad los sacos y las colchonetas estaban empapadas y tenía el pelo tan mojado como si me lo hubiera lavado. Según Mallya, habíamos dormido rodeados de hienas, de lo cual ni nos enteramos, aún con lo ruidosas que son.

Después de desayunar emprendimos el camino hacia el Gran Serengeti. Hicimos una breve visita a la Garganta de Olduvai (donde encontraron los restos el hombre más antiguo del planeta, el Australopithecus Boxel) y visitamos el museo.

En una hora llegamos al límite del P.N. Serengeti, aunque aún la entrada de Maabi Hill Gate aún estaba a 10 Km.

La primera parte que visitamos del Serengeti es la más visitada por turistas. Discurre desde la entrada hasta Seronera, lugar donde se encuentra el Centro de Visitantes. Está muy bien, con paneles informativos y figuras de animales hechas en hierro negro. Allí mismo se pueden ver monos por todas partes y unos roedores grandes parecidos a las ratas pero sin rabo, de los que desconozco el nombre.

Hemos visto muchos animales por el camino. El paisaje del principio del Parque no tiene prácticamente árboles, excepto arbustos y es una llanura inmensa de hierba corta y seca, con algunos kopjes (formaciones rocosas negras desde donde los leones divisan a sus presas). Poco a poco va aumentando la vegetación hasta que después de pasar por Seronera llegamos al Hippo-pool, una zona del río donde pudimos ver hipopótamos y cocodrilos.

Nosotros dormimos en una zona de acampada permitida en Lobo, con hierba verde, sin duchas, sólo con un par de agujeros en el suelo a modo de toilette, uno para hombres y otro para mujeres.

La segunda parte va desde Seronera hasta Lobo, muy poco visitada, pero motivo principal por el que esperamos ver muchos más animales y no ver tantos 4x4 circulando por los caminos. Nosotros dormimos en una zona de acampada permitida en Lobo, con hierba verde, sin duchas, sólo con un par de agujeros en el suelo a modo de toilette, uno para hombres y otro para mujeres. No está vallado y el paisaje es maravilloso. Estamos completamente solos (a excepción de los babuínos), lo cual es un privilegio, porque pensábamos que el Serengeti era un lugar plagado de turistas.

Cuando llegamos, montamos las tiendas y Chris se puso a hacer la cena. No nos hemos podido duchar, sólo lavarnos con las socorridas toallitas húmedas de bebé.

Cuando ya había anochecido, empezamos a alumbrar con las linternas y en unos matorrales secos, vimos unos ojos. El guía dijo que serían monos, pero al decirle que los ojos eran rojos, se puso blanco, dijo que eran leones y nos montamos en el coche para correr tras ellos y espantarles. Veíamos a las leonas corriendo delante de las luces del coche y se fueron de momento, pero estábamos seguros de que volverían … y volvieron.

Mi primera idea fue meterme en el coche y dormir allí, aunque Mallya nos dijo que dentro de las tiendas no nos harían nada. Tres de nosotros fuimos con él a un lodge cercano a comprar pilas y cuando volvimos, cambié de opinión, y dormí en la tienda, y tarde bastante en dormirme, porque quería oir los sonidos de la noche africana y fue difícil escucharlos con el sonido de la lluvia que comenzó a caer. Cuando paró, escuché muy cerca rugir a los leones y a las hienas, y después de un rato, pude dormirme.

13.09.03. P.N.Serengeti

Me he levantado antes de salir el sol y por fin he visto un amanecer espectacular de África. Parece que la naturaleza estalla en un espectáculo impresionante de luz y color. El camp-site está lleno de babuínos que nos miran mientras desayunamos, y a veces se acercan poco a poco, pero enseguida se asustan y salen corriendo entre los arbustos, y yo detrás de ellos.

Después, emprendemos camino rumbo al norte del Serengeti. La idea es llegar hasta la frontera con Kenya y ver las migraciones de los ñúes, pero para ello hay que atravesar el río Mara. Mallya buscó un sitio para cruzarlo pero resultó imposible por el impresionante caudal que lleva, así que nos tenemos que dar la vuelta y volvemos despacio hacia Lobo.

En esta zona, hay muchísima mosca tse-tse. Las tenemos que espantar continuamente y Mallya nos ha dicho que evitemos llevar prendas azules y echarnos colonia porque las atrae, así como a los vehículos en movimiento.

Aparte de muchísimos ñúes que emigran oliendo la lluvia, hemos visto muchas aves, antílopes, jirafas, leones, oribis, etc., pero lo más espectacular es una familia de leones a 2,5 metros del coche que acababan de cazar un ñú (que estaba fuera de la manada) y lo estaban devorando. La familia estaba compuesta de un macho adulto, dos machos jóvenes, siete hembras y tres cachorros. Aunque la escena era violenta, verlos tan cerca me ha impresionado muchísimo, son preciosos y sus ojos son tan hipnóticos y sus movimientos tan elegantes y silenciosos, que no me extraña que sean los reyes de la sabana.

Al volver al campamento, Chris ya estaba preparando la cena. A ver si esta noche vienen los leones. Lo peor de todo es que a las 18.00 h es de noche y a las 19.00 h cenamos y, después a dormir a la tienda para que no vengan los leones. Echamos de menos quedarnos un rato charlando o jugando a las cartas.

Chris cocina muy bien y hoy nos ha hecho chapati (torta) para rellenar con carne en salsa y patatas cocidas. Tras la cena, estuvimos un rato de sobremesa, hasta que empezaron a rugir de nuevo los leones y nos tuvimos que meter en las tiendas, aunque eso sí, con la “persiana” un poco subida para verlos si se acercaban.

14.09.03. P.N.Serengeti-Lago Natrón-Arusha

Hemos visto el amanecer en el Serengeti desde el campamento y, después de desayunar y recogerlo todo, hemos abandonado el lugar y partido hacia Arusha, pero esta vez iremos por el norte, atravesando los incomparables parajes del Lago Natrón y la zona volcánica de Montaña de Dios.

Me ha dado mucha pena dejar atrás el Gran Serengeti, y todo lo que he visto allí. Es tan inmenso y tan espectacular. Es la esencia de África y, todo lo que había visto en los documentales se queda pequeño ante semejante maravilla. Llanuras inmensas color amarillo, acacias cuyas ramas parecen flotar, animales salvajes y libres, el cielo azul con nubes blancas que parecen explotar, noches rebosantes de estrellas y de sonidos … No tengo palabras para explicar lo que he sentido estando allí.

Dos horas después hemos entrado en una zona de formaciones volcánicas, ríos de lava, cauces secos de ríos, y hay veces que no sé si el coche se quedará clavado en algún barranco.

El Lago Natrón y sus alrededores son de una belleza irreal, de leyenda. El agua azul del centro del lago, el blanco luminoso de la sal de sus orillas, el tostado de la arena, y al fondo volcanes. También hay pequeñas islas en el lago casi invisibles por la bruma.

Por fin, después de unas 8 horas de botes en el coche, hemos llegado a Arusha y hemos encontrado un hotel bastante cerca de la estación de autobuses, el Hotel Mt. Meru Inn. Nos vendrá bien mañana cuando salgamos temprano hacia Dar es Salaam.

El hotel está bastante bien, sobre todo pensando que llevamos ya cuatro días sin ducharnos y tan llenos de polvo por dentro y por fuera que dice Juani que podríamos plantar patatas sobre nuestro cuerpo.

Hemos cogido una habitación en la azotea, desde la que hay una vista maravillosa del Monte Meru. Después de una ducha desincrustante, salimos a buscar un sitio para cenar. Ya es de noche y nada más salir del hotel, nos acosan los taxistas diciéndonos que es peligroso salir solos por la ciudad de noche. No hacemos caso, y nos vamos a dar una vuelta con bastante hambre ya. La ciudad de día y de noche es tremendamente ruidosa y para colmo, como se conduce por la izquierda, hay que ir con mil ojos a la hora de cruzar las calles. Hay gente que vende comida en la calle y sitios de comida rápida, pero preferimos sentarnos un rato, así que encontramos un restaurante chino y cenamos allí.

Tras la cena, estoy que me caigo de sueño, supongo que por el viaje en coche y por los antibióticos que llevo encima, así que después de un rato de charla en una de las habitaciones, nos vamos a dormir.

15.09.03. Arusha-Dar es Salaam

Nos hemos levantado a las 6.00 am para tomar el primer autobús que salga hacia Dar es Salaam.

Según salimos del hotel se nos echan encima unos cuantos intentando vendernos los billetes de bus. Después de mucho caos humano, sacamos el billete en la taquilla y tomamos el bus a las 8.00.

Hemos pasado por Moshi, que nos ha gustado más que Arusha y después de dos horas hemos atravesado la zona de los Montes Ushambara. Son una auténtica maravilla. Frente a la carretera se veía una pared impresionante de montañas verdes y al pie había poblados y plantaciones, sobretodo de piñas y de sisal. El contraste del azul puro del cielo, nubes blancas coronando las montañas color verde y pardo y abajo verde más intenso, toda una belleza natural.

Llegando a Dar, el paisaje es más agreste y menos verde, y cada vez con más población, como sucede en las cercanías de todas las ciudades. El viaje ha durado diez horas y hemos notado el cambio de clima de la zona norte, más seco y fresco, a la zona este, más húmedo y cálido.

El autobús nos deja en la estación, a 8 km del centro de la ciudad, así que cogemos un taxi para ir al hotel Fine Travellers, pero cuando llegamos vemos que queda demasiado lejos del centro y decidimos cambiar. Después de que el taxista nos tima, porque nos cobraba lo mismo por ir al centro que por ir hasta el hotel, cuando éste estaba al lado de la estación. Nos pidió más dinero por ir al centro y no se lo quisimos dar, así que cogemos otro que nos lleva al hotel Jambo Inn, al que luego volveríamos otras dos veces más.

Nos cobran 14 $ por habitación doble, así que decidimos quedarnos dos noches, y así mañana tenemos el día entero para conocer la ciudad. El hotel es sencillo, pero con baño en la habitación y ventilador, y además está céntrico para ir caminando a todos los sitios. No nos hace falta nada más.

Hemos cenado en un restaurante hindú cercano arroz con canela y arroz con coco.

16.09.03. Dar es Salaam

Nos hemos despertado con los cantos del Corán que salían disparados por los altavoces de la mezquita.

Después de la ducha y un desayuno pobre (café y rebanada de pan), hemos salido a caminar por Dar es Salaam. No hemos encontrado una lavandería de las que pagas por colada, sólo un par de ellas de las que cobran por piezas, así que decidimos hacer la colada en el lavabo del hotel y tender la ropa decorando la habitación.

Dar es Salaam me ha gustado. Hay mucho ambiente en la calle, y lo que más me llama la atención es la convivencia pacífica entre tres razas y religiones tan diferentes: negros, hindúes y árabes.

Dar es Salaam me ha gustado. Hay mucho ambiente en la calle, y lo que más me llama la atención es la convivencia pacífica entre tres razas y religiones tan diferentes: negros, hindúes y árabes. Lo mismo me pasaría días después en Zanzíbar, porque allí conviven también en perfecta armonía. Paseando por la ciudad tan pronto ves una iglesia católica o protestante, como una mezquita, como un templo hindú. Asimismo, no me pareció una ciudad insegura, aunque en las guías siempre recomiendan no salir por las noches. Estando allí salíamos por la noche a caminar un rato después de cenar, y pensando que se hace de noche a las seis de la tarde, es demasiado pronto para irse al hotel a dormir.

Hemos hablado con bastante gente. Son encantadores y educados, excepto los que quieren vender siempre algo y sacar propinas por todo, aunque no son demasiado insistentes.

Aunque un poco tarde, hemos comido en un pequeño restaurante de comida egipcia. Croquetas con salsa de coco, una especie de cocido con piña, rollitos vegetales y pimientos como los de Padrón, y como no, el primero que comí picaba bastante.

Estuvimos llamando a Halifa (amigo de una amiga) para ir a su hotel Kole-Kole a 30 km de Dar, pero tenía el móvil desconectado. Habíamos pensado que él nos proporcionara el transporte para ir a la Reserva de Caza de Selous y Montañas Udzungwa. Así que, como teníamos ganas de volver a la naturaleza, y no localizábamos a Halifa, estuvimos hablando con John (al que conocimos en la puerta del hotel) y nos llevó a la agencia de tours para la que trabaja. El hombre (se supone que es el dueño) que nos atiende es un vendedor nato, habla mucho y gesticula aún más. Se muestra muy simpático y nos ofrece un precio de 500$ cada uno por cinco días de safari. Después de mucho tira y afloja, lo conseguimos por 350$.

Hemos cenado en un restaurante hindú. Comimos ternera strogonoff con patatas fritas y arroz con verduras. Después de un paseo nocturno por Dar nos fuimos a la cama.

17.09.03. Dar es Salaam-R.C.Selous

Salimos hacia la Reserva de Caza de Selous a las 11.00 am. El guía se llama Mosha y el cocinero Lazaro. No hablan mucho, aunque espero sean más comunicativos después, cuando nos conozcamos más.

Como tenemos 350 km hacia allí, paramos en un pueblo llamado Kiviti (donde ya se acaba la carretera y empezaba el rallye). Comimos allí pollo asado y chapati en la terraza de un bar. Los niños nos pedían las botellas de plástico vacías, y luego descubrí que utilizaban los tapones para jugar a un juego parecido a las damas.

El camino empeoró por momentos y más cuando empezó a diluviar, pero todo era compensado con las sonrisas de los niños y la gente que encontrábamos por el camino. Gritaban “¡Jambo, Jambo!” y corrían hacia el coche. Esa zona no es muy turística. Las aldeas son preciosas y las casas están hechas de madera y barro y el techo de hoja de cocotero.

Después de entrar en el límite de la Reserva de Caza (de la cual sólo está permitido visitar la zona Norte, porque la zona Sur está habilitada sólo para cazadores y con bastante dinero), el guía nos dijo que el Rufiji River Camp estaba completo (cosa que no me creí porque vimos dos turistas en los días que estuvimos allí). Supongo que era caro y querían sacar más dinero, pero era una pena no dormir allí porque estaba junto al río Rufiji con unas vistas preciosas desde la orilla arbolada. Al final, acampamos en un camp-site, aún sin terminar, en el que efectivamente había ducha y servicio, pero no había agua, así que otra vez tendremos que estar sin ducharnos. El lugar es bastante desangelado porque en esta época está todo seco, pero, a pesar de todo, tiene su encanto. Después de montar las tiendas y encendido el fuego, hemos cenado spaguetti con verduras.

Por lo que he visto por el camino, creo que hay menos concentración de animales que en los parques del Norte, pero también hay mucho menos turismo, y así veremos animales, paisaje y vegetación diferente.

18.09.03. Reserva de Caza de Selous

Hoy nos hemos despertado con el gruñido de un mono. Tras el desayuno, hemos ido en coche hasta el embarcadero y nos hemos montado en una barca con motor para hacer la excursión por el río Rufiji.

El color del agua es marrón casi, aunque cuando le da el sol es grisácea. Hemos visto monos colobos, cocodrilos, hipopótamos que se sumergían a nuestro paso, iguanas, aves (martines pescadores, ibis, lilac breasted rolled (un pájaro pequeño con muchísimos colores), hammer corp, águila pescadora, scork, abejarucos de dos clases, garzas, patos egipcios, clover (con dos crías que se camuflaban perfectamente en la arena cuando les dejaba la madre solos), stimmer, tórtola, etc.

Ahora estamos tomando una cerveza fría en unas hamacas enormes en el camping frente al río donde inicialmente íbamos a alojarnos. Está genial y no se puede comparar al camp-site donde estamos nosotros.

Volvimos a comer al camping carne en salsa con patatas fritas, plátano frito y ensalada y después nos hemos ido de “game-drive” (safari en coche) por la Reserva. Al principio no hemos visto muchos animales, pero luego, acercándonos más al río, vimos hipopótamos, cocodrilos, garzas, jirafas e incluso leones. A la vuelta nos han invadido el coche las hormigas voladores, bastante pesadas aunque inofensivas, y nos han acompañado incluso durante la cena.

Selous nos ha parecido diferente. Comparándolo con los parques del Norte, el paisaje es más seco y además han cortado y quemado muchos árboles, supongo que para hacer una enorme carretera, lo que le da un aspecto más triste y desolado. La Reserva está llena de acacias silbantes, más pequeñas, sin hojas y sólo con pinchos. Son de color gris claro y dan un aspecto extraño al paisaje. De lejos parecen cerezos en flor y los monos se comen un fruto que tienen que sacar entre las espinas, eso sí, con bastante paciencia y maña en sus deditos.

La cena ha estado fenomenal, arroz blanco con salsa y un pescado de río riquísimo. Lazaro, nuestro cocinero nos cuida muy bien y es una persona estupenda.

Nuestro guía, Mosha, no demuestra mucho entusiasmo y no conoce las especies de animales y plantas que vamos viendo. Menos mal que nuestro guía del Norte nos explicó muchas cosas sobre animales y plantas, y ya tenemos conocimiento sobre mucho de lo que estamos viendo.

19.09.03. R.C. Selous-Morogoro

Hoy hemos ido a hacer una ruta a pie por Selous, acompañados por un ranger con escopeta llamado David. Hemos caminado durante dos horas prácticamente en silencio para no espantar a los animales. Vimos jirafas, un colobo y algunas aves, y nos ha gustado, porque ya nos apetecía hacer una pequeña caminata y verlo todo desde el suelo. Después, volvimos al campamento a desayunar y hemos emprendido camino hacia Udzungwa Mountains.

Atravesamos Selous hacia el norte y hemos salido de la reserva por Matambwe. Los paisajes que hemos ido viendo durante el viaje han sido de ensueño, con montañas verdes con sus cumbres envueltas en nubes y cocoteros gigantes por todas partes.

Las aldeas que hemos atravesado son muy bonitas y en esta zona las casas son de barro más oscuro, como la tierra de allí. También aquí todos los niños nos saludan y corren hacia el coche, son increíbles.

Nuestro coche tiene algún problema y Mosha dice que llegaremos tarde y tendremos que dormir en el lodge para no montar las tiendas de noche. Nos parece fenomenal, sobre todo si podemos ducharnos, que ya está bien después de tres días, aunque ya me he acostumbrado. Raro en una persona que, como yo, está acostumbrada a ducharse dos veces al día y le encanta el agua.

Paramos en Morogoro para que un mecánico echara un vistazo al coche y después de cenar pollo con patatas en un bar, ya había anochecido y volvimos al coche para continuar el camino, pero al llegar a Mikumi, Mosha nos dice que es mejor dormir allí y mañana temprano seguir hasta las montañas. Tenemos muchas ganas de llegar, pero vemos que él está agotado de conducir todo el día y nos quedamos en una guest-house en la que tenemos una habitación para los cuatro, cuarto de baño (reventado de mosquitos, eso sí) y cocina, todo un lujo.

Ahora estoy fuera en el porche escribiendo y oyendo cantar a los grillos. Es como un concierto. La noche africana está llena de sonidos y se ven muchísimas estrellas, aunque hoy está el cielo completamente negro.

No todas las moscas tse-tse transmiten la enfermedad del sueño, así que espero que esta sea sólo una golosa a la que le gusta mi sangre.

Me ha mordido en el coche, durante el viaje, una mosca tse-tse en el tobillo. Sentí el mordisco y la ví, aunque ya tarde, y luego intentó morderme en otro pie. Apreté la mordedura con los dedos para sacar lo que hubiera inoculado, pero tendré que esperar cinco días para ver si se infecta o inflama la zona, señal de que se ha contraído la enfermedad. No todas las moscas tse-tse la transmiten, así que espero que esta sea sólo una golosa a la que le gusta mi sangre, como al resto de mosquitos, pulgas y demás. La enfermedad del sueño, llamada trepanosomiasis, afecta al sistema nervioso y sin tratamiento es mortal. Lo peor es que ahora, cada vez que me duerma en el coche, pensarán que ya la he cogido, pero espero que no sea así. Todavía tengo que ver Zanzíbar…

20.09.03. Morogoro-P.N.Udzungwa Mountains

Nos hemos puesto en marcha hacia el Parque Nacional Udzungwa Mountains. Llegaremos temprano porque sólo estamos a 65 km.

Al llegar allí nos han adjudicado un guía (algo así como un forestal español) encantador que conoce bien todas las especies que vamos viendo. Hemos hecho una ruta andando (bueno subiendo, porque era todo cuesta arriba) hasta llegar a las cascadas de Sanje, un paraíso natural. La vegetación durante el camino es tropical, muy espesa, llena de árboles gigantes y un pequeño río que, cuando lo oímos, soñamos ya con llegar a las cascadas y darnos un baño, porque hace calor húmedo bastante asfixiante. El camino es una senda estrecha, llena de hojas caídas. En esta zona predominan los primates y hemos visto colobos rojos (dicen que sólo existen en estas montañas, pero luego los vimos también en Zanzíbar), blancos y negros, sanje crested, y alguna otra especie que no distinguimos, aparte de una serpiente mamba negra que mordió al guía en la bota. Nos explicó que la mordedura de la mamba es mortal, y si no pones remedio alguno, mueres en cinco minutos. Menos mal que no me mordió a mí que iba con sandalias.

Las cascadas son espectaculares, hay varios saltos de agua más pequeños, hasta uno enorme de por lo menos de 100 metros de altura. Nos hemos bañado en una de las pozas en la cascada que hay más arriba y el agua estaba fría pero fabulosa.

Mientras para subir hasta allí hemos tardado tres horas, para bajar sólo una por otro camino. Durante la bajada nos hemos encontrado con un grupo de boy-scouts tanzanos simpatiquísimos. Después de charlar con ellos, nos han invitado a conocer su campamento esta noche.

Nos marchamos al lodge, a Mangula, y como nuestro guía-conductor estaba “agotado” y se había ido a dormir, nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo y por una aldea que estaba muy cerca. De repente nos vimos envueltos en una fiesta en la que éramos los únicos mzungus y pensamos en quedarnos porque nos apetecía bailar y todo el mundo bailaba allí, pero también pensamos que si era una ceremonia religiosa, era mejor irnos de allí. Luego nos enteramos de que era una boda, así que creo que no hicimos mal.

De vuelta al pueblo, nos encontramos con los boy-scouts que venían a buscarnos y a escoltarnos hasta su campamento. Fuimos andando, bailando y cantando con ellos unos 2 km hasta allí. Al llegar, nos sentaron en el lugar privilegiado y se pusieron a cantar y a bailar para nosotros. Nos sentíamos extraños por tantos honores, e incluso dijeron que uno de nosotros pronunciara unas palabras. Nos enseñaron el lugar donde cocinaban y dormían y nos dijeron que no tenían muchos medios para sacar adelante el proyecto, el cual nos explicaron con pormenores. Les prometimos que les pondríamos en contacto con grupos de boy-scouts españoles para que les pudieran ayudar proporcionándoles tiendas, sacos y material en general para poder mantener el grupo. Nos acompañaron de vuelta al pueblo y cuando volvimos nuestro guía dijo que nos había estado buscando, aunque supongo que no con mucho empeño, en vista de la cara de sueño que aún tenía.

21.09.03. Udzungwa Mountains-Dar es Salaam

Hemos vuelto a Dar es Salaam (Paraíso de Paz). El viaje duró ocho horas y otra vez estábamos llenos de polvo y con el cuerpo magullado de los golpes y botes del coche, que además se estropeó del todo 40 km antes de llegar. Nos consiguieron una furgoneta en la que acabamos el viaje hasta la ciudad y, una vez allí buscamos un hotel más barato, pero los dos que fuimos a ver no nos gustaron nada, así que volvimos a nuestro Jambo Inn.

Después de una gran ducha, nos fuimos a cenar a un buffet hindú. Toda la comida estaba picante, pero riquísima. Cenamos garbanzos en salsa, arroz, atún, albóndigas.

Estuvimos paseando por el barrio hindú, visitamos dos templos y luego fuimos al Internet Café para contactar con los amigos.

22.09.03. Dar es Salaam-Zanzíbar

Me desperté antes de amanecer, impaciente porque hoy vamos a ir a Zanzíbar. Después de una ducha nos fuimos a buscar una librería para buscar libros sobre naturaleza y fauna africana.

Después de recoger las mochilas del hotel cogimos un taxi para ir al puerto y, una vez allí, cogimos el barco Aziza I, rumbo a Zanzíbar, la Perla del Índico.

El pasaje ha costado 20$, incluidos 5$ de tasas. Como mzungus que somos, nos han puesto en primera clase y ahora estoy fuera disfrutando del aire y de la maravillosa vista del mar azul turquesa. La hora inicial de salida eran las 12.00 pm, pero como aquí dicen “pole-pole” (despacio), no sé a qué hora saldremos, porque aún está entrando gente en el barco y cargando todo tipo de mercancías.

Frente al puerto se ven unas playas de arena blanca que ya me hacen imaginar las paradisíacas playas de Zanzíbar.

Llegamos a Zanzíbar y, después de desembarcar en Stone Town y pasar los trámites del visado, cogemos un taxi para que nos lleve al hotel Karibu (bienvenido en swahili), pero es más caro de lo que pensábamos, así que el taxista nos llevó al hotel Narrow Street (calle estrecha) que está bastante bien, 20$ por habitación con baño, incluido desayuno.

Las camas tienen cabeceros de madera decorados y en el suelo hay moqueta. Está aparentemente limpio, aunque luego nos dimos cuenta de que teníamos amigos invisibles (por lo menos para mí, que soy miope) por la noche (pulgas) y muy cariñosos.

Después, salimos a cenar y llegamos hasta Forodhani Gardens, unos jardines junto al mar y al puerto con un ambiente estupendo. Están llenos de puestos de comida, iluminados por lámparas de petróleo, y hemos comido pulpo frito, albóndigas vegetales, gambas, ensalada y plátano con chocolate.

Tras el banquete, hemos dado una vuelta por Stone Town y la impresión ha sido magnífica. Es una ciudad llena de rincones preciosos, de arquitectura árabe e hindú, callejones, mujeres con velo y trajes largos negros. Parece un lugar salido de las Mil y una Noches.

23.09.03. Zanzíbar (Tour de las Especias y Stone Town)

Hoy hemos contratado el Tour de las Especias. 10$ por persona con comida incluida.

Realizamos un recorrido por plantaciones del interior de la isla. La vegetación es tropical y el paisaje verde, coronado por enormes cocoteros y lleno de aromas. Nos siguen un montón de niños ofreciéndonos ramos de flores envueltos en hojas de cocotero hechos por ellos mismos. Me resisto a aceptarlo porque no me gusta darles dinero, pero al final le dí algo y luego no paraba de regalarme flores.

El guía nos ha enseñado y dado a probar casi todas las especias que producen en la isla como: tarro, mandioca, vainilla, canela, henna, carambolo, cardamomo, citronella, cacao, jackie tree, clavo, café, pomelo, árbol del pan, pimienta, banano, nuez moscada, planta del jabón (saponaria supongo).

Después de la visita y una comida a base de arroz con especias y té africano exquisito, visitamos el palacio del Sultán Bargash (reservado a sus concubinas) y luego nos dimos un baño en una playa paradisíaca, llena de coral y de caracolas.

Llegamos a tiempo de ver la puesta de sol desde la Escuela de Música de Stone Town, un edificio de tres plantas con unos balcones enormes enmarcados con arcos árabes pintados de verde, desde los cuales vimos cómo el sol naranja se iba hundiendo en el horizonte y parecía arrastrar tras de sí todos los butres y los dhow que había sobre la superficie del mar.

Por la noche fuimos a una cena-espectáculo en el Fuerte de la Ciudad, recomendado por la guía Lonely Planet. Fue una turistada total. Nos cobraron 10$ a cada uno por una cena que nada tenía que ver con la comida de los puestos de Forodhani Gardens y el baile africano fue penoso y nada representativo de la música y la danza del país, tanto que nos fuimos marchando uno por uno. Resultó mejor tomarnos una copa en un local cerca del África House.

24.09.03. Zanzíbar (Stone Town-Jambiani, costa este)

Hoy hemos partido rumbo a Jambiani, en la costa este de la isla. Cuando llegamos allí, el lugar superó todas nuestras expectativas.

Nos alojamos en unas cabañas (hotel Oasis) sólo por 10$ cada uno. Pisamos la arena blanca de la playa nada más pasar la puerta de la habitación. Es un auténtico paraíso: playas larguísimas de arena blanca y fina, mar de color azul turquesa, un cielo que va recorriendo todos los tonos azules, e incluso morados, a lo largo del día, cocoteros altísimos meciéndose con el viento, gentes que nos sonríen; un paisaje que transmite tranquilidad por los cuatro costados. Tenemos el pueblo de Jambiani al lado, y hemos comido en casa de Muhamid, al que conocimos paseando por el pueblo, estupendamente: pescado, patatas fritas, ensalada y papaya y por menos de 2 euros.

La tarde la hemos pasado en la playa. Sol, mar y cocoteros. Y después hemos cenado en casa de Muhamid también, esta vez pulpo en leche de coco, pescado y ensalada.

La tarde la hemos pasado en la playa. Sol, mar y cocoteros. Y después hemos cenado en casa de Muhamid también, esta vez pulpo en leche de coco, pescado, ensalada y una buena dosis de conversación con el dueño de la casa, que está aprendiendo a hablar inglés y le encanta charlar con nosotros. Tiene dos niños y su mujer espera ahora otro. Nos ha hablado de lo que hace la gente aquí para vivir. Muchos se dedican al turismo, otros al cultivo y la recolección de algas, pero la vida es difícil. Las mujeres, en su mayoría se dedican a ello y los hombres a la pesca, que es abundante.

Cada persona tiene una parcela en el mar delimitada por palos clavados en la arena. Las mujeres cultivan las algas, las recogen, las secan al sol (previamente clasificadas por colores) y luego las venden a los japoneses para la fabricación de productos farmacéuticos y otros. Lo peor de todo es que les pagan por kilo de algas seco, que pesa mucho menos que cuando las sacan del mar, con lo cual, después de pasarse la mañana cargando sobre la cabeza fardos de algas de hasta 25 kilos, cuando las secan pesan muchísimo menos, así que la ganancia es bastante escasa. Es un trabajo mal recompensado y muy duro para ellas.

Tras la conversación, volvimos paseando por la playa. El cielo estaba muy oscuro y nunca en mi vida había visto tantas estrellas.

25.09.03. Zanzíbar (Jambiani)

Hoy me he levantado a las 5.30 am. Tenía muchas ganas de ver un amanecer en Zanzíbar y lo he conseguido. Ha sido más que ver salir del sol. El cielo estaba desbordado de tantos colores y el sol ha ido naciendo lentamente entre nubes rojas y naranjas. La primera luz de la mañana bañaba los cocoteros, y las huellas de las olas nocturnas sobre la arena blanca habían dibujado surcos perfectos al bajar la marea.

Más tarde hemos hecho una excursión en dhow (embarcación de vela típica de Zanzíbar hecho con un solo tronco de árbol de mango). Como la marea estaba baja, hemos abandonado el barco y caminado hasta el arrecife. Parece que no se llega nunca. Casi no cubre y vamos andando entre corales, estrellas de mar preciosas, unas azules y grandes, otras rojas y grises con puntas, otras amarillas y verdes y otras pequeñas rojas con lunares. También vimos serpientes de agua, ostras enormes que se cierran a nuestro paso, erizos negros con ojos y boca luminosa, esponjas y algas verdes y rojas (algunas urticantes como la que me rozó, y de la que aún me queda el recuerdo en las rodillas).

Al llegar al arrecife, ya empezó a subir la marea. Estábamos sentados en un montículo de rocas de 1,5 m o más de alto, que luego cuando sube la marea queda completamente cubierto. Así que volvimos al barco y estuvimos haciendo snorkel. Vimos morenas, peces de colores, pequeños y grandes, etc. Nos ha encantado.

Comimos en Barracuda (el restaurante del hotel) ¡tortilla de patatas fritas! Supongo que no nos entendieron bien cuando les pedimos huevos fritos con patatas, y sin darse cuenta reinventaron la tortilla española, pero con patatas fritas alargadas.

Hemos cenado de nuevo en casa de Muhamid. Su mujer cocinó un bizcocho enorme y riquísimo que sólo comen en las fiestas. También hizo té negro con canela, cardamomo y citronella (lemon grass).

Estuvimos un rato jugando a las cartas en el restaurante del hotel, junto a la playa, bailando reggae y dando clases de español a Isaías, que dice que soy muy buena profesora.

Las mareas en la zona Este de la isla definen la vida de la gente que habita aquí. Por la mañana empieza a bajar hasta dejar al descubierto las plantaciones de algas, y las mujeres trabajan recogiéndolas hasta que la marea sube a mediodía y vuelven con ellas para ponerlas a secar. Entonces, es cuando te puedes bañar sin tener que andar kilómetros y el agua tiene un color maravilloso.

26.09.03. Zanzíbar (Jambiani, el Paraíso)

Hoy ha sido un día de relax total. Hemos desayunado como ayer, junto al mar. Jambiani es un paraíso al que pienso volver. Aunque por la mañana no nos bañamos, por la marea, merece la pena esperar a que el agua llegue y darte un baño antes de comer. Así que dedicamos el tiempo a pasear por la playa, recogiendo caracolas que las olas abandonan en la playa por la noche. Hay de muchas clases: blancas, blancas con lunares negros, marrones, casi todas ellas refugio de ermitaños ya muertos.

Muhamid ha venido a vernos para despedirse y ofrecernos unas caracolas preciosas de regalo y unos cocos. Hemos quedado en escribirnos con él y nos avisará cuando tenga el bebé.

Por la tarde, hemos alquilado unas bicis y hemos ido por el camino junto al mar y por la playa (bueno, hasta que las ruedas se quedaron clavadas en la arena). Hemos visto monos y un animal que podría ser un gálago. A la vuelta, ya de noche, nos hemos bañado en el mar, y hemos cenado arroz con especias y fruta.

Me da mucha pena dejar mañana Jambiani. Volveremos a Stone Town para, poco a poco, emprender nuestro regreso a España. Me apetece volver allí y caminar por sus callejuelas llenas de vida, aunque me da tristeza pensar que será nuestro último día en Zanzíbar.

El último día viajaremos a Dar es Salaam para coger nuestro vuelo y lo dedicaremos a hacer compras en el mercado de artesanía de Mwenge.

Me parece mentira que, dentro de una semana ya llevaré cuatro días trabajando otra vez. Cuando vuelvo a Madrid, después de un viaje tan maravilloso, veo todo esto tan lejano y, a la vez, si me pongo a pensar en ello, tan cercano.

Viendo lo que estoy viendo en este viaje, resulta difícil pensar que existen ciudades llenas de coches y gente, corriendo todo el día, y que yo sea un elemento más dentro de ese caos, mal llamado “civilización”.

Una de las cosas que me ha llamado mucho la atención es la diferencia entre los niños de aquí y los de España. Aquí los niños respetan mucho más a sus padres, y les obedecen. Se sorprenden por todo, son inocentes y se entretienen jugando con cualquier cosa. No necesitan tanto como los niños europeos, aunque también supongo que porque no conocen la existencia de otras cosas que estos tienen. Enseguida te saludan, te sonríen, te miran con sus ojos enormes y oscuros, te dan la mano y se ponen contigo a bailar y a jugar. Son estupendos.

En veinte días, he tenido muchas experiencias y he visto cosas que no había visto nunca. Ha sido muy intenso, difícil de olvidar y me dan ganas de venirme para siempre para vivir, como la gente de aquí dice “pole-pole”.

27.09.03. Zanzíbar (Jambiani-Stone Town)

Ya estamos de vuelta en Stone Town. Hemos estado paseando por la ciudad y haciendo algunas compras, aunque esperamos a comprar el resto en el mercado de Dar.

Comimos en un lugar pequeño en una callejuela de la ciudad, visitamos de nuevo los jardines de Forodhani y Juani y yo nos fuimos a hacer fotos por la ciudad. Vimos la puesta de sol desde uno de los mejores sitios, el Africa House y fue espectacular.

Finalmente, hemos montado en el ferry rumbo a Dar a las 8.00 pm. Mientras que al venir tardamos tres horas, en este viaje de vuelta tardaremos más de ocho, lo que significa llegar a las 6.00 am. La causa (creo que absurda) es que es peligroso llegar al puerto de Dar es Salaam por la noche, así que pasaremos nuestra última noche en Tanzania sentados en un barco lleno de gente, con el barco en medio del océano hasta que amanezca y lleguemos a nuestro destino.

28.09.03. Zanzíbar-Dar es Salaam

Hemos llegado a Dar a las 7.00 am. La noche ha sido larga y no hemos podido dormir demasiado. Tuvimos suerte de ir sentados, porque el barco iba con sobrepeso y había gente durmiendo en el suelo por todos los lados, dentro y fuera.

Cogimos una habitación en el hotel Jambo Inn, otra vez, para poder echarnos un rato la siesta y ducharnos, ya que el vuelo hacia Ámsterdam sale por la noche.

Como era muy temprano y las habitaciones aún no estaban limpias, no nos duchamos y nos fuimos al mercado de artesanía de Mwenge.

El mercado estaba genial. Es una plaza en cuyo centro están trabajando los artesanos de la madera y alrededor están todas las tiendas-puestos con todo tipo de artículos, principalmente de madera. Compré un joyero, figuras masais, un marabú hecho con un cuerno, un ajedrez con figuras africanas y más cosas.

Volvimos a la ciudad cansados y nos echamos un rato en el hotel. Al despertar, estuvimos haciendo las mochilas e intentando colocar milagrosamente en ellas todo lo que habíamos comprado. Nos fuimos a cenar un kebab y a las 9.30 pm cogimos un taxi para llegar hasta el aeropuerto. Mientras facturábamos los equipajes, nos informan de que el vuelo lleva cuatro horas de retraso, lo cual significa que perdemos el vuelo Ámsterdam-Madrid. No estuvo mal porque tuvimos ocho horas libres para conocer Ámsterdam.

Paseamos por el centro, por el Barrio Rojo, los canales y comimos Shawarma en un restaurante marroquí (así es como si siguiéramos en Africa). Hicimos un poco el guiri montando en una barcaza enorme con ventanas y techo de cristal que nos dio un paseo por los canales.

Luego volvimos al Aeropuerto en tren y ahora escribo estas líneas en un avión rumbo a Madrid.

Parecía que nuestra aventura en África no iba a terminarse nunca, y ya nos habíamos acostumbrado tanto que va a ser difícil volver a la rutina.

Aún estaremos unos días diciendo a la gente “¡Jambo! ¿Habari?”, pensando que nos contestarán “Nzuri” en swahili y toda aquella retahíla de saludos y cumplidos que son costumbre allí, y también echaremos de menos todas las sonrisas y las experiencias maravillosas que hemos vivido allí.

He de mencionar a mis tres fantásticos compañeros de viaje, porque sin ellos no hubiera sido posible que la realidad superara a mi sueño.

He de mencionar a mis tres fantásticos compañeros de viaje, porque sin ellos no hubiera sido posible que la realidad superara a mi sueño. La relación en todo momento entre nosotros ha sido estupenda. Antes del viaje, ya nos conocíamos, y aunque luego la convivencia suele cambiar bastante las cosas, este no ha sido nuestro caso. El viaje creo que ha mejorado aún más nuestra amistad y me sentía con ellos como si los conociera de toda la vida. Me han hecho vivir momentos estupendos y repetiría mil viajes con ellos. Recuerdo los trayectos en coche, cuando hablábamos por los codos (el tiempo que no estábamos durmiendo, claro) y el guía siempre nos miraba asustado y nos preguntaba que si estábamos discutiendo, de lo que nos emocionábamos al hablar. También recuerdo los ojos de asombro cuando veíamos los animales y decíamos todos a la vez “¡mira, mira, qué bonito!”, las caras llenas de polvo mirándonos en el espejo pensando que estábamos morenos, las partidas de cartas partiéndonos de risa, nuestras patadas al diccionario de inglés, las caras de alguno cuando veía que iba a comer arroz … otra vez, Juani y yo todo el día con la cámara pegada en el ojo alucinadas, alguna frase representativa de viaje y no digo quién la dijo “..bueno, bueno, no muero en un vuelo de 12 horas, aguanto 4 días lleno de polvo y porquería sin ducharme, y ahora me van a comer unos gatitos (leones)…” y eso que todavía no había llegado la mosca tse-tse, y muchas otras cosas que no menciono por no alargar más este diario de viaje, que ya ha ocupado demasiadas páginas.

Si tuviera que destacar cosas que se me han quedado grabadas a fuego en la mente y en el corazón y que son irrepetibles, diría principalmente: ver a los leones en el Gran Serengeti y el paisaje de las playas de Jambiani en Zanzíbar, aunque también tendría que mencionar el irreal e increíble paisaje del Cráter del Ngorongoro, el color rosa de los flamencos del Lago Manyara, las cascadas de Sanje rodeadas de vegetación en las Montañas Udzungwa, los colores y el paisaje mágico del Lago Natrón, las callejuelas de Stone Town en Zanzíbar, los amaneceres y atardeceres africanos y sus noches llenas de estrellas … y el viento, siempre el viento acariciando el maravilloso paisaje africano …

Olga Moral

Fecha: 
September 2003
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