Marian
Saludos, viajeros!! Como dice Pilar, ya hemos aterrizado. Aunque en mi caso, no del todo :-) y, la verdad, tampoco tengo prisa ;-) Ya os contaremos el viaje en unos días cuando, como dice Pilar, hayamos asimilado todo lo que hemos vivido. De momento, y como aperitivo, deciros que el viaje ha sido estupendo. Que no sólo he conocido un país precioso que esconde un tesoro al final de un profundo desfiladero, he tenido la oportunidad de "descubrir"a cuatro personas estupendas y con una gran calidad humana
Ciertamente el universo me ha regalado un hermoso viaje... y yo tambien he tenido que "pagar" mi peaje. En uno de los castillos del desierto, al lavarme las manos en uno de los baños, olvidé un anillo que es un reloj. Tenía un valor especial por ser un regalo. Mi peaje, ha sido un intercambio de regalos. Si hago balance, salgo ganando. Un beso a todos.
Manu
Voy a proponer un juego a mis compañeros de viaje: se trata de que alguien inicie una crónica del viaje y otro la continúe en el punto en el que el anterior la ha dejado. No sé qué saldrá, pero puede ser divertido, tanto para los viajeros como para los demás :-) Ya me diréis qué os parece.
Comienza el juego (Gustavo)
A mi me parece buena idea. Pensaba escribir alguna letra a los miembros del grupo contando mis impresiones, y esta puede ser una buena manera. No se quien debe iniciar el turno contando "la aventura", pero ya que estoy en ello os daré mis impresiones.
Para mi el éxito de este viaje a estado en la organización y la calidad humana de los componentes del grupo. El lugar visitado era impresionante,sin embargo la compañía ha hecho de este viaje una experiencia única. Viajar con alguien que no conoces, puede ser un problema. Sin embargo, con el talante de esta gente, se puede ir al fin del mundo. Si todos en este grupo tenemos este buen talante, es seguro que podremos organizar muchos viajes inolvidables como este.
Al llegar a Amman un miembro de la agencia nos recogió, nos ayudo a pasar la aduana, y nos llevo al hotel en una furgoneta con chofer exclusiva para nosotros. El hotel con piscina, sauna y jacuzzi. Francamente, había pagado la tarifa turista y me parecía estar disfrutando de la clase superior.
El primer contacto real con Jordania, lo dimos al anochecer. Amman es una ciudad muy extensa (no hay edificios de más de 4 alturas), por lo que toda ella es como una ciudad residencial. Nuestro hotel estaba en un barrio de calles anchas, y semivacías de noche, con bonitas mansiones (yo diría que un barrio rico). Al pasear, las primeras mezquitas aparecieron, lo cual nos indicó que si, efectivamente, estábamos en un país árabe. Buscamos un sitio en el que tomar algo, y apareció un pequeño restaurante, en el que un cantante interpretaba lo que debían ser canciones populares del país. Pedimos un té, y fuimos obsequiados además con algo para picar (la hospitalidad comercial árabe), y los fumadores pidieron una extraña pipa ...
Y aquí lo dejo yo. El que sepa como se llama esa pipa que siga.
Sigue el juego (Manu)
Segunda entrega de las aventuras jordanas de la expedición de Ítaca. Crónica de la primera noche en Ammán
Primero comunicaros que estoy escribiendo esto con un brazo encorsetado, de resultas de una caída haciendo esquí de ruta, que me dejo el hombro hecho cisco; de modo que si hay alguna falta disculpadme, que todavía no he cogido el tranquillo a escribir con una mano.
Intentaré continuar el relato de nuestras aventuras jordanas donde lo dejo Gustavo.
Pues efectivamente, a petición de Marian y con mi complicidad, encargamos una pipa de agua, también llamada sisha o narguile. Así transcurrió la velada, entre sorbos de té, unas risas, palmadas para corear la música y unas ganas contenidas de salir a bailar y hacer un poco el gorililla por la pista.
Pero pudo más la prudencia, porque el personal, muy amistoso --y aunque yo creo que con ganas de ver cómo bailaban los "infieles"-- eran todos árabes y bailaban "a lo árabe": sin apenas moverse del sitio y con movimientos muy expresivos, lentos y sensuales. Y uno que, claro, apenas sale de unos cuantos movimientos rockeros y salseros, pues se lo piensa y se corta.
Y así fue, que la sisha y la música --aparte mezquitas y rótulos en árabe-- nos introdujeron en la tierra de las Mil y una noches (y de Alí-Babá y los cuarenta ladrones, como pudimos constatar al pagar la cuenta :-), y nos ayudaron a aterrizar y a preparar el espíritu para lo que nos esperaba al día siguiente.
De regreso al hotel, todo eran preguntas y especulaciones ¿cómo será nuestro guía? ¿tragará y aceptará modificar el recorrido previsto? ¿podremos ir a Aqaba? ¿dónde pasaremos la Nochevieja? ¿será guapo? ¿y soltero? ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿hay vida inteligente en otros planetas?
Una vez en el hotel, nos retiramos a nuestros aposentos, con la sana intención de descansar para estar en plena forma al día siguiente. Y a ese objetivo nos entregamos después de lavarnos los dientes, rezar nuestras oraciones y sacar de la maleta los ositos de peluche.
Continuará.......
- Luces misteriosas en la habitación de las chicas
- ¿Conseguirá Manu conciliar el sueño?
- Un trocito de España en la Ciudadela de Amman
- Tristán e Isolda en Jerash
¡No se pierda la siguiente entrega de esta apasionante saga!
Noche y segundo día en Ammán (Pilar)
Continuación del relato del viaje a Jordania. Se cuentan las divertidas peripecias en el extraño hotel de Ammán y el comienzo de las exploraciones por el territorio jordano
La cena había sido muy divertida la primera noche. Tuvimos para nosotros el comedor entero y el camarero, porque éramos los únicos huéspedes del gran hotel, el Dana Plaza. Carlos estuvo genial en la cena, absolutamente divertido; ya sabeis que es todo corazón y dulzura y que de repente le entra una vena de genialidad total, porque tiene la cabeza muy bien amueblada. Gustavo, el "nuevo", propuso que cambiáramos el programa inicial, si al guía y a la agencia no les importaba, y lo discutimos hasta llegar a un consenso. Manu estuvo tan encantador como siempre, ya sabeis que jamás se mosquea por nada, y Marian, chispeante, divertida y toda corazón, deseosa de comerse Jordania a mordiscos.
Aquella noche, la primera en Ammán, tras el "narguilé", Marian y servidora estuvimos cotilleando hasta pasadas las cinco de la mañana en nuestra habitación. Había muchas cosas que contar, porque durante meses habíamos tirado de teléfono, y claro... Ya os podéis imaginar que estábamos a nuestras anchas. La ropa mezclada, los cosméticos, nos enseñamos los vestidos que habíamos traído para pasar la Nochevieja, los tacones... Hablamos de vosotros. De la querida Rosa, que se quedó en puertas, de Superpablo. Ambos estuvieron muy presente en este viaje: "¿qué le parecería ésto a Rosa? ¿Qué haría Pablo ahora?". Nos acordamos de todos los que estuvimos en el encontronazo de Logroño y de aquellos a quienes nos conocemos y nos gustaría tanto...
Y especialmente estábamos de acuerdo en la "excelente persona" que parecía Gustavo. Gustavo es... una auténtica pasada. Es como un lord inglés, pero en cachondo. Creo que es tan paciente, conciliador y divertido que ha sido una especie de "cemento" para el grupo. Manu lo llama "El hombre tranquilo", por la peli de John Ford. Y no me ha estrangulado -aún- pese a que durante todo el viaje lo llamé "Guillermo" y a veces "Enrique". A ver si meto fotos donde lo podáis ver bien, porque es un tío majo, majo. (Esto es a cuenta de la Margarita del Marriot, Gus. No tienes que pagarme ninguna copa más).
Al momento, además de las luces rojas, revoloteaban por el dormitorio otras naranjas que iban y venían sobre las camas.
Conciliamos el sueño y, al pronto, unas luces rojas comenzaron a pasear por la habitación y me despertaron. Mi primera impresión fue que me había dejado puestas las lentillas, pero cuando recordé que hace cuatro meses que me he operado de miopía, me senté en la cama como impulsada por un resorte. Joooo... Al momento, además de las luces rojas, revoloteaban por el dormitorio otras naranjas que iban y venían sobre las camas. Por la calle no pasaban ni coches, y sólo se divisaba al fondo la mezquita alumbrada por neones verdes. Decidí despertar a Marian. No es que me importara mucho que las luces indicaran que había estallado la guerra. Es que pensaba que quizás había habido un asesinato tremebundo hace años en aquella habitación y eso explicaría la razón por la que éramos los únicos huéspedes de ese gran hotel, el Dana Plaza. Marian, con paciencia y riéndose por lo del asesinato, descubrió que las luces rojas eran un dispositivo bastante rudimentario para prevenir incendios, y que las naranjas las causaba su móvil al reflejarse en el espejo, en un ángulo imposible. Acabamos riéndonos hasta que se nos saltaron las lágrimas, y el Dana Plaza Hotel, desde ese momento, pasó a llamarse "El Hotel de los Otros".
Bajamos a desayunar y al entrar en el comedor saludamos a los cuadros inmensos del Rey Abdalah y su difunto padre Hussein. Por todas las calles y en todos los establecimientos públicos del país hay retratos de grandes dimensiones del soberano y su padre. En algunos lugares hay también de la reina. Hay un auténtico culto a la familia real hachemita y unas malas palabras sobre el tema se penan con la cárcel, me confiaba la noche anterior una persona del hotel con la que estuve charlando.
Somos los únicos usuarios del comedor, para variar, y hacemos risas contando a los chicos lo de "Los Otros". Con lo miedica que soy, propongo La Ruta de Drácula como nuestro siguiente viaje. Bueno, ahí en los Cárpatos me infarto ya la primera noche. Nuestro guía nos espera. Amín va a convertirse en un buen amigo a lo largo de estos días, pero el comienzo es frío. Subimos a la "fregoneta" que conduce Adnan - moreno y con bigote, lo rebautizamos Aznar - y marchamos a hacer una breve visita de Ammán, la capital del reino hachemita. Es una ciudad nueva, asentada en un sitio en el que, hasta antes de 1875, sólo quedaban ruinas de lo que fue la próspera ciudad romana de Filadelfia. La ciudad de Amman fue construida sobre siete colinas y se expande con rapidez, nos contó nuestro guía. Tiene - cito de memoria- millón setecientos mil habitantes y gran parte de su población es Palestina. Gran parte de los recursos de los jordanos proceden del turismo, así que el temor a un conficto inminente entre Irak y Bush les ha dado en la línea de flotación.
El turismo ha descendido en Navidades un 80 % cifra que me dió un chico encantador que se llama Ismael Serrano, con el que coincidimos en el Mar Muerto, y que dicen mis compañeros de viaje que es cantante. El gran turismo, es que le dejaba mucho dinero es de origen italiano y francés, ha desaparecido casi por completo, y se mantiene el español, de cartera menos abultada. Los viajeros o/y turistas españoles hemos permanecido fieles a Jordania, con Petra y el desierto de Wadi Run como los dos lugares a visitar en el país.
No hagais ni puñetero caso a las guías que dan doscientos consejos a las mujeres sobre que evitéis ésto y lo otro, porque en las zonas turísticas ni hay que llevar pañuelo, ni evitar mirar a los ojos a los hombres, ni nada de nada. Los jordanos son tremendamente respetuosos
Imagino que os preguntáis cómo es la gente. Cuando viajas tan poquito tiempo no tienes apenas tiempo para tratar con la gente del país. En su trato con el turismo son respetuosos. No hagais ni puñetero caso a las guías que dan doscientos consejos a las mujeres sobre que evitéis ésto y lo otro, porque en las zonas turísticas ni hay que llevar pañuelo, ni evitar mirar a los ojos a los hombres, ni nada de nada. Los jordanos son tremendamente respetuosos. Eso si, siempre te miran más. Las mujeres, la mayoría de las cuales van con la cabeza cubierta, pero hay de todo, son muy cómpices cuando te miran, y te sonríen de muy buen rollo. Si te pones la mano -siempre la derecha, la "pura" sobre el corazón e inclinas la cabeza- te devuelven el saludo con una sonrisa de corazón. Y una cosa que me extrañó muchísimo: hay una gran seguridad ciudadana: dejan los coches con los equipajes -incluida nuestra "frego"- aparcados con la ventanillas abajo. O si entran en una tienda, dejan las bolsas con compras hechas en otras tiendas.... EN LA CALLE... junto a la puerta...
En Amman vimos vestigios arqueológicos y partimos hacia Jerash o Gerasa para los occidentales, la ciudad greco-romana que formana parte de la Decápolis y que era conocida la "Pompeya del Este". Pero eso, mejor que lo cuente otro de mis compañeros. Gracias por la paciencia.
Jerash (Manu)
Cuarta entrega de la apasionante saga de las aventuras en Jordania de un grupo de miembros de Ítaca. Se narra la visita a la ciudadela de Ammán y a las ruinas de Jerash
Después de visitar la Ciudadela y el Teatro de Amman, tomamos la dirección de Jerash, situada a unos 40 kilómetros al norte de Amman. El camino transcurre por las estribaciones del Valle del Jordán, una de las zonas más fértiles de Jordania y la principal región agrícola del país; para que os hagáis una idea, es un paisaje parecido al de La Rioja, con colinas no muy abruptas, vegetación arbustiva y plantaciones de vides y olivos. Todo esto lo contemplé con los ojos semicerrados, después de una noche practicamente en vela, porque en mi habitación también se dejó sentir la presencia de "los otros", en forma de ruidos agónicos y semiarticulados, que se parecían, extrañamente, a ronquidos humanos; en fin, misterios de lo paranormal.
Los vinos jordanos no están mal; sobre todo comparados con otros caldos de países árabes.
Haré un inciso para hablar de los vinos jordanos. La "denominación de origen" es Holy Land (Tierra Santa) y, bueno, tienen un pase, no están mal; sobre todo comparados con otros caldos de países árabes (en Egipto tomé uno, autóctono, llamado "Omar Khayam", que me hizo comprender perfectamente porqué el profeta Mahoma desaconsejaba el consumo de vino) Pero, claro, a uno que tiene el paladar hecho a los Riojas y Riberas de Duero, pues no le dicen mucho, sobre todo cuando te los cobrán a precio de grand-cru de chateau de Burdeos.
Y llegamos a Jerash, quizá la ciudad más importante de la Decápolis, después de Palmira (en la actuel Siria). La mayoría de los restos que quedan son de la época romana (entre los siglo I-III DC), cuando Jerash alcanzó su apogeo, gracias a su riqueza agrícola, al control del tráfico caravanero y del comercio con oriente, y al éstatus de estado asociado a Roma que tenía la Decápolis, que le permitía beneficiarse de la protección del Imperio, pero sin ser machacada a impuestos y prestaciones.
Bueno, y ya vale de erudición, que os voy a aburrir. A Jerash se entrá por el arco de Adriano, que estaba en obras, como lo demostraba el espectacular andamio que lo flanqueaba; imagino que las obras irán para largo, porque allá no se veía a nadie currando. A la izquierda está el Hipódromo o Estadio, del que apenas quedan estructuras. Y un poco más adelante, una de las joyas de Jerash: su preciosa Plaza Ovalada. Esta plaza era el Foro de la ciudad, es decir el lugar donde se reunían los ciudadanos a contarse sus cosas, a criticar al gobierno y a indignarse cuando el sátrapa dice que "la Decápolis va bien" ;-)
Otra de las maravillas de Jerash es el Teatro, muy armónico y muy bien conservado. Aquí tuvimos la oportunidad de que Marian y Carlos nos obsequiaran con una representación de Tristán e Isolda, aunque con los papeles cambiados: a un servidor se le cayó la cámara de la risa al oir a Marian decirle a Carlos (que había trepado hata lo más alto del graderío): "¡Isolda! ¡tira las trenzas!"
El resto de puntos reseñables de Jerash son el Templo de Artemisa, con su espectacular columnata rompiendo contra el cielo; los restos de la basílica bizantina, con unos bonitos mosaicos en el piso; el pequeño Odeón o auditorio, donde dicen las guías que abundan los "tocones" --algo que parece del todo infundado, porque yo notaba que las chicas se quedaban rezagadas, a ver si caía algo, pero sin suerte; o bien han emigrado ante la crisis del turismo, se han extinguido, o sabían muy bien con que par de mozas se jugaban los cuartos (por supuesto, todo es broma :-)--, el Templo de Zeus y el Cardo Máximo, la principal calle de la ciudad, flanqueada por restos de columnas, templos y edificios públicos, y por la que da gusto pasear, sintiendo, por un momento, lo que fue está ciudad en su esplendor, con sus calles llenas de vida y animación.
La comida consistió en arroz con cordero (el plato nacional jordano), ensaladas, pinchitos de cordero, verduritas salteadas y gran variedad de salsas y mojos.
Y llegó la hora de comer y a ello nos dirigimos. Cuando estaba yo relamiéndome con la perspectiva de una bien merecida pitanza, empiezo a notar en el coche un ligero olorcillo a alcohol; mi primer pensamiento fue que las chicas se habrían puesto algún perfume, un poco basto y violento, eso sí. El olor persiste, y olfatendo un poco más profundamente, me parece whisky. Analizo más profundamente el olor y constato que, efectivamente, es whisky y, además, Knockando de 12 años, que es, casualmente, lo que llevo en una petaca en la mochila ¡horror! Como la petaca es prestada y no la controlo muy bien, me imagino que la habré cerrado mal; compruebo la magnitud del desastre, y veo que se ha perdido la mitad del licor con el que pensaba "bautizar" el té y alegrar un poco la sobremesa. En esto, llegamos al restaurante. Me echo la petaca al bolsillo, pensando que todavía queda para un chupito. Entramos en el comedor, de estilo árabe, con mesas bajas y redondas, y lleno de jordanos. Voy a quitarme la chaqueta y siento una desagradable y angustiosa sensación de humedad en el bolsillo; sin decir palabra, echo a correr hacia el servicio, dejando tras de mí un tufo a whisky que yo creo que deja con nedia estocada a alguno de los árabes del comedor (están poco acostumbrados). Una vez en el baño me doy cuenta de que la petaca, debajo del cuero, es de cristal y se ha roto; vacío en la taza lo poco que queda, lavo un poco el chaleco y vuelvo al comedor con cara de inocente y de no haber roto una petaca en la vida. Olvidado el susto y resignado a una sobremesa light, me concentro en la comida, que no está nada mal: arroz con cordero (el plato nacional jordano), ensaladas, pinchitos de cordero, verduritas salteadas y gran variedad de salsas y mojos: están deliciosas la de berenjena, la de pure de garbanzos con sésamo y la de yogur. Y en la sobremesa, hay que hablar de negocios; se nos han ofrecido tres opciones para pasar la Nochevieja: cena de gala en un hotel de Damasco, cena con una familia jordana en Madaba o pasarla con los beduinos del Wadi Rum, muertos de frío. (Continuará)
- ¿Dónde pasarán la nochevieja nuestros héroes?
- "Call me" y sauna para tres
- Sanfermines en el hotel
- ¿Conseguirá Manu conciliar el sueño?
No os perdáis el siguiente capítulo, que viene repleto de emociones fuertes
Call me, call me (Pilar)
Última entrega de la crónica de Jordania. Se narran las peripecias en el hotel de los miembros femeninos de la expedición, la excursión a los castillos del desierto y la nochevieja en el desierto del Wadi Rum
Bueno, como la otra vez, venzo mi pereza para escribir porque se me han salido los ojos de las órbitas al ver publicitado lo de "Call me y sauna para tres", aunque la oferta no fue en realidad para la sauna, sino para el jacuzzi del hotel de Ammán y la hizo uno de los tíos más impresionantes que Marian y yo habíamos visto en nuestra vida, el masajista del hotel.
En la comida post Jerash nos llevaron a un sitio típico, medianamente elegante, y a fin de cuentas era nuestra primera comida en un sitio donde estábamos rodeados de gente.
Teníamos que decidir dónde pasar la Noche Vieja y ver si nos interesaba ampliar el viaje hasta el Mar Rojo. Los que me conoceis os podeis imaginar la cara que se me puso cuando oí lo de pasar la noche en una jaima en el desierto, pasando frío, con los beduinos... Los que no, que sepais que soy una urbanita quejica y remilgada. Si había llevado incluso un vestido negro de Pedro del Hierro, unos tacones de vértigo y todas mis pinturas de guerra, además del joyero de la Señorita Pepis... Y yo no estaba ni vestida ni calzada para temperaturas rigurosas. Incluso me hacía ilusión celebrar la llegada del Año Nuevo en alguna aldea, con una gran familia cristiana ortodoxa. Claro, que mis preferencias eran pasarla en un hotel de lujo en Damasco o en el que teníamos pagado en Amman. De hecho, el cualquier sitio civilizado, con calefacción y con teléfono. Lo iba a plantear así y ... entonces me fijé en las caras de emoción de Manu, de Marian, de Gus y de Carlos. Y me entró tanta vergüenza por ser tan superficial y egoista que procurando que no me temblara la voz, que aún así sonó tan falsa como supongo fue la de Judas en el Monte de los Olivos, y no por traidora, sino por imaginar la nochecita que me esperaba, que lo dije: "yo, lo que quiero, es ir al desierto".
Pues al Wadi Run. Y menos mal que Enrique, que es un amigo muy querido, me estuvo contando el día antes de salir a Jordania la peli de Lawrence de Arabia, de aquel actor que se pintaba los ojos, Peter O´Tool. Pero lo único que recordaba de todo lo que me contó es que en el desierto hay animales venenosos que merodean por entre las tiendas.
No tengo la menor idea de a qué nos dedicamos esa tarde en Ammán, Creo que estuvimos de compras en su sitio infame, alejado del centro, y lleno de souvenirs Made in Taiwan. Compré sales del Mar Muerto. Y llegamos al hotel. Marian en pijama salió a parlamentar a la habitación de los chicos, pero sólo estaba Gus. Así que decididimos bajar a ver la zona del Spa. Una en pijama, y yo con tejanos y la camiseta de un pijama.
La entrada al spa fue tan espectacular que en el primer intento salimos por pies. Todo eran hombres - trabajadores del hotel, claro- alucinados de ver a dos turistas en pijama.
La entrada al spa fue tan espectacular que en el primer intento salimos por pies. Todo eran hombres - trabajadores del hotel, claro- alucinados de ver a dos turistas en pijama. Luego nos enteramos de que salvo una japonesa despistada las mujeres no hacían acto de presencia en aquel santuario varonil. Nuestro camarero y un cocinero que salió de la cocina ante el rumor de las masas - hasta el cocinero llevaba el gorro erecto, qué país- nos conminaron a volver a entrar. "es mixto, es mixto". Y de repente se abre la puerta y sale un adonis musculado, de dientes profidén, nariz griega, labios para darme un bocao y ojos... divinos, que nos hace así con el dedo...y Marian y servidora, como ratitas hipnotizadas ante el flautista de Hamelín acudimos. Vimos a Carlos en la piscina climatizada, pero nosotras como ratitas obedientes seguimos al buenorro dónde hiciera falta. Pues se para ante el jacuzzi y nos mira alternativamente y dice haciendo un gesto absolutamente lúbrico siguiendo nuestras siluetas con las manos: "yo, tocar por todo el cuerpo". Marian alucinada, intentando entender aquel momento Almodóval, y servidora con la temperatura a punto de entrar en ebullición, porque el tío nos iba rozando suavemente con la yema de los dedos.
En un momento que se dio la vuelta susurramos: "Vámonos de aquí, pero ya, que nos perdemos". El tío, que el jacuzzi era gratis, pero Marian y yo entendimos "los tres" y pensamos que nos decía que primero jacuzzi, y luego otra vez las "manos por todo el cuerpo". Y le dijimos que ahora no podíamos, que teníamos compromisos. Las dos pavas, con aquellos pijamas y aquel adonis que "call me, call me" tentándonos. Creo que lo recordaré con fastidio cuando esté en el Geriátrico y sea una viejecita que dé pellizcos en el culo a los celadores. Nos despedíamos, y el adonis aún nos decía: "Call me", "call me", a lo lejos.
Subimos a la habitación dispuestas a tomar una ducha... helada. Y muertas de risa. Convinimos no contar nada a los chicos, y en un momento de imprudencia... desvelamos lo del Call me, call me, que... aún nos eleva la temperatura.
Cenamos - solos- en el comedor y subimos a la habitación a dormir. Manu apareció en la habitación vestido de pamplonica,con una botella de güisqui en la mano. Yo pensé que eran "los otros" que me hacían ver visiones y callé. Luego vino Carlos a tomar algo y si vino más tarde o no a la habitación Gus lo ignoro, porque el güisqui es un magnífico inductor del sueño. Supongo que en vez de "los otros" soñé con "call me, call me", porque me deperté con muy buen rollo y eso que iba al desierto.
Montamos en la fregoneta. Marian, Manu y yo detrás, Carlos y Gus delante, y Adnaán (conductor) y Amín (guía), delante. Manu pasaba bastante sueño, así que intentaba dormir en el trayecto, Marian, Carlos, Gus y yo charlábamos. A ratyos, dormían Marian y Carlos.
Comimos en la carretera a Irak, ya en los umbrales del desierto, y hacía un frío que pelaba. Y eso que era mediodía. Gus me explicó amablemente hacía dónde hacer pis para evitar que el fuerte viento hiciera que me mojara las botas. Entre la peste a güisqui que había en la frego, sólo faltaba yo, que sospechaba iba a pasar una noche toledana.
Llegamos al campamento. Era como un Belén. Precioso. Vimos las tiendas del campaña. Una manta, pensé yo, mirando a mi alrededor por ver si podía robar unas cortinas de algún lugar. Lo juro. Con el despiste, "trinqué" la maleta de nuestro chófer que se quedó en la tienda, y que se volvería loco parte de la noche buscándola. Manu decía que no podía pegar ojo desde hacía dos días, así que le comenté a Marian que en Petra podíamos ofrecerle asilo político en la habitación de las Ladys. O a mi no me importaba dormir con Gus y Carlos -lo confieso, yo también ronco, o al menos eso dice Manu- , ni a Marian tampoco. Lo llamamos y se lo planteamos. Dijo que lo pensaría. Y nos echamos a dormir. El frío era de categoría y me desperté tosiendo y con fiebre. El puñetero estómago rechazó la bebida que me ofreció nuestro buen Amín. Aquella noche de fin de año recorrería muchas veces el camino entre el ¿comedor? (o lo que fuera aquello que no tenía ni puertas ni ventanas) y los ¿aseos? Creo que el desierto me tenía tanto cariño como yo a él.
La fiesta fue genial, con Gus y Carlos cogiendo el organillo del beduino y haciendo como que sabían tocar algo y Marian animando el sarao.
La fiesta fue genial, con Gus y Carlos cogiendo el organillo del beduino y haciendo como que sabían tocar algo y Marian animando el sarao, ahora como Lolita con el Sarandonga, luego como Lola Flores rediviva... Genial Marian, toda raza, buen rollo, ritmo y risas. Bueno, es cierto que Gus se dedicó a marcar duro a dos alemanas que no sé muy bien qué pintaban allá. Amín aleccionó a un beduino para que tocara las campanadas y así entramos en el 2003, entre besos y abrazos, en una experiencia única y tan gélida en temperatura ambiente, como caldeada en nuestros felices corazones. Como Marian tuvo una noche increíble, creo que AHORA BONITA, CUENTA TU VISIÓN DE ESTA FIESTA, incluído el chiste del egipcio Salami.
Al enviar la crónica he olvidado contar que esa mañana, camino de Wadi Run, vimos los castillos del desierto. No me hicieron mucha ilusión porque están en un estado de abandono penoso y más vale ni mentar los extraños y a veces extravagantes criterios de restauración que siguen, porque en lo que he visto, salvo Jerash y Petra, son de traca, con la excepción de Qasr Amra. Bueno, a veces sirve para algo recordar que he estudiado Historias (rama Arqueología medieval), pero sólo cuando no queda más remedio. Ah, mi director de excavaciones en la carrera y quien me ha enseñado lo que sé sobre el tema, como anécdota, es hoy un escritor de mucho éxito en toda Europa, José Luis Corral, autor de best sellers como El Salón Dorado, Gengis Khan, El Cid y otras. Los castillos del desierto de la zona oriental de Jordania fueron construidos en tres épocas, la romana, la bizantina y la omeya. El más importante es el castillo de Kharradeneh, un fuerte romano trasformado en carvanshary (donde iban los caravaneros, vaya) en la época omeya. Qasr Amra es un palacio del siglo VII con frescos únicos... porque sabéis que el islam prohibe la representación de figuras humanas y de animales y aquí hay pintadas unas señoras desnudas en actitud bastante relajada. Y vimos otro, pero no recuerdo donde estaba, ni cómo se llamaba. Sorry. Lo que nos dio mucha pena fue que Marian perdiera un anillo con reloj incorporado en los aseos de uno de esos castillos. Como ella dice, fue un intercambio que hizo con los dioses que nos guiaron en este viaje.