París y Londres 2003

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Amelia, Gustavo, Pilar y Ana

Sobre París-Londres tengo un grato recuerdo de este viaje, y sabéis que cuando algo no me ha gustado o he tenido mal rollo con alguien, sencillamente eludo escribir o citarlo. Así, que qué gusto poder escribir que lo he pasado muy bien en Paris y en Londres.

Los de los dos París regresamos a Madrid el domingo por la tarde. Nos despedimos con pena. Amelia, que ya es "nuestra" Amelie (qué persona estupenda. Me apunto a seguir viajando con ella), salió de París una hora más tarde, Pedro y Ana salieron a Canarias (Anita, vida... qué gran compañera de viaje y Pedro... es la demostración de que un hombre puede ser muy guapo y además inteligente). Me fui a dormir a casa de Gustavo, al conocido "Hotel Glamour", y dormí durante 16 horas del día siguiente, hasta que ayer por la noche Gus me dejó en el tren, supongo que para asegurarse de que me iba de una vez de su casa (ja,ja,ja...)

Pedro me dió una lección magistral de arte contemporáneo hasta llegar a un tío que forra pianos con fieltro

En nuestro primer día en París, Amelia, Ana y Gus partieron en coche para hacer los Castillos del Loira y Saint Michel. Pedro y yo vimos la exposición de Marc Chagall en el Gran Palais, donde comimos (qué lujo) y de allí nos dirigimos al Centro Pompidou. Nos sentamos en la terraza del Café Beauboug, pija entre las pijas, con 1.000 pesetas de consumición mínima. Pedro, que es un torero, pidió un té (el más caro de la historia) pero yo me clavé un Martini en vena, tipo la Sue Ellen aquella de "Dallas", la mujer de J.R., porque no pegaba nada para después de comer. En el Pompidou vimos una exposición de Philippe Stark, ese arquitecto diseñador de cosas raritas que a mi me hace gracia, y los fondos de arte comtemporáneo... Picasso, Miró, Matisse, Pollock, Klee, y gente a la que yo ni intuí jamás que existiera. Pedro me dió una lección magistral de arte contemporáneo hasta llegar a un tío que forra pianos con fieltro. Ahí me rebelé. ¿Dónde está la línea que separa la genialidad del cachondeo? Luego cenamos en una brasserie unos muslos de pato que por lo duros debían ser del mismísimo Donald Duck, y nos dieron la clavada del siglo. Al día siguiente cogimos el Eurostar (100 euros por persona) que en tres horas te deja en Londres. Ni nos pispamos del gran tunel bajo en mar, porque domirmos todo el tiempo hasta llegar a Waterloo. (Imposible resistirse al calorcito, el traqueteo del tren y el hombro de un chico guapo). En Londres lo vimos TOOOOODO. Lo confieso: cogimos un autobús descapotable para guiris que nos fue llevando a cada uno de los monumentos ( 4.000 pelas todo el día e incluyen crucero por el Támesis, que fue una risa porque viajaba una especie de Pocholo con una katana al hombro). Comimos donde tiene la librería Hugh Grant en la peli, y aunque Pedro buscó desforadamente a Julia Roberts no tuvimos suerte ninguno de los dos. Bueno, tampoco vimos a Anita Aznar ni a Agag.

A quienes si que encontramos en la Gallery fue a Marga (cómo te agradezco ese fin de semana en el Jerte. Fue magnífico. Ojalá hubiera durado un mes) y el arquitecto casi más guapo del grupo de viajes: Pablo (el primero es Henry, sin discusión). Menuda visión: Pablete repeinadito, vestido de azul, moreno, con los ojos brillantes y los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja: hice lo que cualquier mujer de entre 3 a 99 años hubiera hecho: lanzarme a su cuello y morderle el hoyito. Fuimos a un pub típico lleno de espejos (Pablo, pillín) y pude charlar con Marga un buen rato dentro de lo breve... su amiga es muy maja y me dio mucha pena cuando nos despedimos. Pero estaba deseando llegar a París, porque allí nos esperaban ya Amelia, Ana y Gus para cenar. O eso pensábamos nosotros....

Vimos la Sainte Chapelle por fuera, les Invalides, donde está enterrado Napoleón, El Louvre, la Torre Eiffel...

Al llegar a nuestro hotelito, Pedro y yo comprobamos con pena dos cosas: que nuestros compis no habían regresado de sus dos días de chateaux y Saint Michel, y que no había un sólo restaurante abierto. Comimos un bocata de kebab y patatas fritas que nos supo riquísimo en la zona de sex-shops. Apenas pude dormir de emoción, pensando que al fin iba a enseñarle a Gus Paris. Lo habíamos hablado ya en el vuelo de Amman a Buselas. El día que Gus conoció París, lo llamaremos, vimos Nôtre Dame. Anita y servidora tomamos un café en un bistrot mirando lánguidamente a las gárgolas. Vimos la Sainte Chapelle por fuera, les Invalides, donde está enterrado Napoleón, El Louvre, la Torre Eiffel (hacía tanto frío que huimos como cobardes dejando en la fila solo a Gus. Hacía un día del demonio). Y le esperamos en la Place del Vosges, de Marais, junto a la casa donde vivió Victor Hugo. Una tipa en los huesos, con pinta de yonkee, cantaba bajo los soportales que la protegían de la lluvia un aria de la ópera "Dido y Eneas", que creo que es de Purcell. "Recuérdame, pero olvida mi destino", cantaba.

A Gus, que mientras tanto seguía haciendo fila en la Torre Eifel, y nosotros con remordimientos aún por haberlo dejado solo, le apetecía cenar ahí pero no había sitio, así que regresamos al hotel, donde pared con pared está la marisquería más pija de París. Nos pusimos morados de ostras y otras exquisiteces, Gus y Amelia estuvieron graciosísimos con chistes y chascarrillos. Llego un momento en el que la mandíbula dolía de las risas. La cuenta por persona fue más cara que ir y volver a Londres en el Eurostar. Pero en fin; fue día estupendo y lleno de París, de camaradería y de risas.

Por la mañana, Gus partió hacia el Valle del Loira a ver los Castillos que le quedaban por ver, que le hacían más ilusión que París. Bueno, cada uno tiene sus gustos. Llovía a mares en París. En el desayuno decidimos acercarnos hasta el Museo Marmotand, en el barrio de La Muette (la Muda) y al cementerio de Montparnasse, lugares que no conocíamos ninguno de los cuatro "parisinos". El museo tiene obra de Monet y otra gente. Toda la serie de las plantas acuáticas y ... sentaos.... está allí el famoso Impresión, soleil levant, que da nombre al Impresionismo. Me senté en una banqueta y se me escaparon unos lagrimones de emoción. Bendito Gus, si no hubiera sido por su "huida" a los castillos nunca hubiera visto aquellas maravillas, que ignoraba que se encontraran allí, porque la idea de aquella mañana era visitar Montmartre, el Sacre Coeur, el Museo de los Impresionistas y el Centro Pompidou con él. Compramos por su cumple a Amelia, en el Marmotand, un precioso chal de seda inspirado en Los Nenúfares de Monet.

Comimos en una brasserie y caminamos hacia el Cementerio de Montparnasse, donde visitamos diversas tumbas: las de Charles Baudelaire, Serge Gainsbourg, director y compositor ("je t´aime, moi non plus"), María Félix, Julio Cortázar, el dadaísta Tzara. Sobre la que reune para siempre a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir dejé una piedecita en señal de respeto, al modo judío. Anita, que es también un poco gamberra, disfrutó haciendo cantidad de fotos de tumbas curiosas.

En el aeropuerto nos reencontramos con Gustavo, feliz por haber completado la ruta bakaladera de los castillos. Tomamos algo antes de salir hacia España. Nos reimos muchísimo durante el vuelo. Nos despedimos en Barajas.

Un beso a todos, y un saludo muy especial a Amelie, Anita, Marga, Pablo y Gus. (Pedro no está en el grupo de viajes).

Por cierto, me encantaría un fin de semana del tipo del Valle del Jerte. Lo de Granada me resulta imposible por la distancia, ya que hay al menos 9 horas de viaje desde Zaragoza. Tras Granada, ¿a alquien se le ocurre algún destino más llevadero para los que estamos al norte?

Pilar Barranco

Fecha: 
April 2003
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