Había estado antes en Quito. En el viaje anterior había establecido en Quito mi base de operaciones. Desde allí había salido para las Islas Galápagos y había vuelto. Al igual hice con Esmeraldas, Misahuali y Baños y así entre estos viajes había tenido que pasar necesariamente por Quito.
Por una parte había sido muy cómodo: Dejaba todo lo que no necesitaba en una bolsa de plástico en el hotel y solo llevaba lo imprescindible por lo que viajaba con la mochila medio vacía. Por otra parte Quito se convirtió en mi casa. Cada vez que volvía a Quito era como volver a casa. Pero la parte negativa era que, estando tan deseoso de conocer sitios nuevos, volver a Quito me fastidiaba. Así que, algunas veces, paraba solo unas pocas horas. Las necesarias para hacer los cambios pertinentes entre la mochila y la bolsa de plástico que guardaba en un almacén del hotel.
Por eso esta vez no paré en Quito. En la ocasión anterior me faltó tiempo para hacer un viaje que me hubiese resultado muy interesante: Ir bajando por la panamericana hacia el sur desde Quito hasta Santiago de Chile. Es un viaje que nunca podré hacer de una tacada pero que puedo hacer en fases. En esta ocasión intento llegar hasta La Paz en Bolivia. Por eso y porque voy con el tiempo muy justo no paré en Quito. [Leer más]