Habíamos contratado un paquete de vuelo+hotel+traslados, yo había recopilado un poco de información por internet y, con los planos y folletos que cogimos en la recepción del hotel, nos dispusimos a planificar un poco el tema mientras nos zampábamos unos platos de pasta en un ristorante cercano al hotel. Al final decidimos:
Hacer una de las excursiones que nos ofrecía The Best of Switzerland Tours, Lucerna-Stanserhorn, una de las menos solicitadas; a mí me apetecía subir a alguna montañita de por allí, a ella le sientan mal los paseos en barco, el Titlis parecía muy alto (3020 m, haría mucho frío, ¡ja!) y ésta prometía la visión de marmotas en su entorno. En el mismo bus nos llevaron a los de las 4 opciones Lucerna+monte hasta Lucerna por un puerto de montaña poco transitado, el paso del Albis; habrá autopista con más tráfico, túneles y peores vistas. Quince minutos para ver el famoso león esculpido en la piedra, hacerle tres fotos y mear, son suficientes; una hora, en cambio, para ver el centro de la ciudad, se nos queda corta. Entramos a la Iglesia Jesuita (en España, se llamaría de otra forma), con ese barroco centroeuropeo de torres bulbosas, fachadas sencillas e interiores esplendorosos; por comparar, entramos también a la Iglesia Franciscana, de un gótico sencillo y..., pues eso: franciscano; nos adentramos en el puente de la Capilla y contemplamos desde él un encanto de ciudad que no pudimos visitar con tranquilidad; otra vez será. Al lado del león hay un parque glaciar, también es digno de mención/visita lo que queda de sus murallas, que vimos de pasada desde el autobús. [Leer más]